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Full text of "Mis versos"

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Vicens Thievent, Lorenzo 
Mis versos 



.ORENZO VICENS THIEVENT 




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jyiis VEJÍS0S 



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José M." ¿errano : Editor— Librería " Cervantes", calle Andes. 1370 
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RENZO VICENS THIEVENT 






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MIS VEJÍS0S 



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Jmp. "La Rural" de M. y F- Ramos, calle Florida números 1474 y 1486 

1914 



MIS VERSOS 



Digitized by the Internet Archive 

in 2010 with funding from 

University of Toronto 



http://www.archive.org/details/misversosOOvice 



Este libro de versos es como un pensamiento 
que eternamente oscila del ensueño al azíir. 
Un poco de tristeza y un poco de alearía . . 
Un dolor que despierta y un placer que se va. . . 

Asila los recuerdos de un amor que aun perdura 
porque al amor nacemos para la eternidad ! 
Y del amor ensueña cuantas desesperanzas 
y cuantas esperanzas nos es dado ensoñar. 



— 6 — 

Cada vez que releo estos versos que he escrito 
vivo esas horas idas por mi bien o mi mal ; 
las horas de ilusiones para el feliz recuerdo, 
y para el mal recuerdo las horas de pesar. 

Este libro es complejo lo mismo que mi alma 
pues ha aprendido de ella el eterno cantar : 
un poco de tristeza y un poco de alegría . . . 
un dolor que despierta y un placer que se va... 



II 



Hoy ha entrado a mi alma luz de mi poesía 
por la ventana abierta de mi nueva alegría. 
Hoy han redivivido mis amores lejanos 
como por el encanto de unas mágicas manos. 

Y todo canta en mí; todo lo que convida 
a lanzar, al espacio, un brindis a la vida : 

Por el amor y el arte; por la vieja armonía; 
por la cuerda del alma que dejó de vibrar 
y que hoy hirió la clara luz de mi poesía 
para que retornara a su antiguo cantar. 



— 8 — 

Por Dios que, ante mis ojos, abre el cofre divino 
de la naturaleza, con la llave del sol ; 
y cede, cual promesas para nuestro destino 
músicas a los bosques, y sangre al arrebol. 

Por nuestro amor, amada; por las horas felices 
y las amargas horas, que en nuestra vida son; 
por todo lo que sientes y todo lo que dices ; 
por el dolor y el goce de nuestro corazón. 

Por el recuerdo que a ambos nos une en el pasado, 
y por las perspectivas de nuestro porvenir ; 
por lo que hemos sufrido y lo que hemos gozado 
y por lo que aun nos queda por gozar y sufrir. 

Y sobre todo, brindo, por tu belleza, amada, 
única, obsesionante, olímpica y triunfal ; 
por la divina flecha de luz de tu mirada ; 
por tu mano que oprime, dulce y confidencial. 

i Porque ha entrado a mi alma luz de mi poesía 
por la ventana abierta de mi nueva alegría! 
Porque han redivivido mis amores lejanos 
como por el encanto de unas mágicas manos ! 



— 9 — 

Yo viví muchas horas lejos de mi poesía. 
Viajé, vi, sorprendíme, me plegué al Universo. 
Pero se hizo un vacío dentro del alma mía : 
i le faltaba la bella música de mi verso ! 

Y sentía su urgencia a cada paso dado : 
cuando sobre las aguas el sol se diluía, 
y el buque, como un ebrio gigante fatigado 
al femenino arrullo del mar se adormecía ; 

sobre el suelo romántico de la España compleja; 
de árabes alcázares bajo los corredores; 
donde siempre hay relatos de alguna historia vieja; 
donde siempre hay historias de algunos trovadores; 

en Paris, en la urbe, donde siempre agoniza 
el recuerdo lejano y otro recuerdo asoma ; 
en los nevados montes y lagos de Suiza ; 
en la Roma pagana y en la cristiana Roma. 

Estos ojos, amada, que han visto tantas cosas 
por este resurrexít olvidan sus sorpresas. 
Esta, mi alma, tiene para tí nuevas rosas, 
pues tú, para mí tienes, siempre nuevas bellezas. 



10 



Porque hoy entró a mi alma luz de mi poesía 
por la ventana abierta de mi nueva alegría. 
Porque hoy redivivieron mis amores lejanos 
como por el encanto de unas mágicas manos ! 



— II — 



III 



Y después ? preguntamos a cada hora vivida 
¿'qué ensueño la hora nueva se prepara a tejer? 

Yo quise que en tu alma floreciera mi alma 
y, prodigiosamente, aquel milagro fué. 



— 12 



Yo te rogué, extendida, la suplicante mano 

que me recondujeras a la vida otra vez. 

Y la vida, de nuevo, 

abrió para mí todas sus flores. . . ¿ Y después ? 



La vida no es todo eso, me dijiste una tarde. 
Y mirabas mi frente desnuda de laurel ! 
No son de amor tan sólo las más bellas promesas. 
Acaso hemos saciado ya toda nuestra sed? 
<^uién sabe que sorpresas te aguarda ese silencio 
eterno de las horas ! 
Quién sabe si después 
de retorcer tu espíritu 

no sientes que se acerca un nuevo amanecer ! 
Si no encuentras más clara la luz de mi sonrisa 
mi palabra más dulce, mi mirada más fiel ! 



Y comprimiendo ensueños en los moldes del verso 
fui deshojando todo mi espíritu a tus pies. 
Como rosas triunfales coronaron tu frente 

mis rimas. 

.¿ Y después ? 



— 13 — 

Se complicaron todas las más sencillas cosas. 
Anhelábamos todo y sin saber porqué; 
el corazón tejía, ensueño tras ensueño, 
y era siempre otro ensueño que iba á florecer. 

Y así estaremos cuando, asombrados los ojos, 
miremos la infinita senda de nuestro ayer ; 
cuando hayamos soñado ya toda nuestra vida 
y aún nos preguntemos : ¿ Y después ? ¿Y después ? 



15 — 



IV 



Paseo ansiosamente por tu acera 
mirando la cerrada celosía. 
Esta noche he pensado : 
hoy me abrirá ; veré su manecita 
que descorre el visillo ; 
sus ojos claros que a la calle miran 
para saber si estoy ; y luego. . . y luego 
un crujido sutil : la celosía 



— lo- 
se abre a dos lados cual si fueran alas 
de pronto distendidas ! 
Asomará su cabecita rubia, 
llegará hasta mi alma su sonrisa 
como diciendo : avanza^ 
aquí estoy, te he esperado, date prisa. 

E iré, nerviosamente ; 
le ofreceré estas rosas de la India 
que para ella he cogido y que aprisiona 
el rojo lazo de una roja cinta. 

Esta noche he pensado 
como otras tantas en tu celosía, 
siempre cerrada para mi deseo, 
siempre cerrada a mi esperanza íntima ! 



Y me vuelvo, sabiendo que a la noche 
siguiente iré, llevado por la misma 
ilusión de que acaso 
me abrirás tu cerrada celosía. . . 



— 17 — 



V 



Piénsalo bien, amada : ¿qué quedará de esta 
juventud, que se adorna como en galana fiesta ? 

Al llegar a los últimos años de nuestra vida 
el recuerdo de ahora será de un triste encanto, 
como una nota suave que se siente, perdida, 
a lo lejos, y tiene una frialdad de llanto. 

Cuando seamos viejos, tu enflaquecida mano 
estrechará mi mano, también enflaquecida ; 



— i8 — 

y nuestros labios, secos, ensayarán en vano 
•el Curvo jeroglífico de una risa fingida. 

La ancianidad que ponga en tus cabellos, nieve, 
y en mi cabeza una blancura venerable, 
será como un sudario aprisionando el breve 
poema de recuerdos de esta vida adorable. 

De esta vida adorable que hoy nos ilusiona 
y que talvez mañana nos reduzca a su yugo ; 
ya que la luz que ahora nuestras sienes corona 
al ir debilitándose será nuestro verdugo. 

Los sueños que en nosotros ñorecen de esta suerte 
se secarán al paso de nuestras ilusiones ; 
y escoltarán su huida, camino de la muerte 
un fúnebre cortejo de rudas decepciones. 

No tendremos las rojas rosas de este presente 
de amor, con que se infamen, nuestras decrepitudes ; 
sino las rosas blancas lloviendo lentamente 
sus pétalos encima de nuestros ataúdes . . 

Piénsalo bien, amada: que quedará de esta 
juventud, que se adorna como en galana fiesta ? 



— 19 — 



VI 



Era un príncipe blondo que llegó, cierto día, 
al palacio de una princesa medioeval ; 
y que en lo más oculto del corazón traía 
los líricos destellos de un amor inmortal. 

Y dijo el blondo príncipe : " Princesa, vida mía^ 
en vuestros ojos urge mi tierno madrigal; 
y para vuestra boca tengo en mi poesía 
el perdurable elogio de un verso escultural." 



— 20 — 

Calló ; 3^ en el unánime silencio de la sala 
perdióse su palabra como el rumor de un ala. . . 
Y la dulce princesa dijo con decisión: 

" Prodigad la ternura que mi cuerpo os provoca ; 
habladme de mis ojos, habladme de mi boca, 
pero — os lo ruego, príncipe — dejad mi corazón." 



21 



Vil 



Vosotros, circunspectos filósofos y austeros 
moralistas, engendros de una existencia fría ; 
Y?i que habéis recorrido los fúnebres senderos 
ie la miseria eterna y la eterna agonía ; 

ya que sois sabios porque sabéis sentir al mundo 
y sabéis lo que enferma al alma un desengaño, 
dejadme ir de vuestro saber a lo profundo 
en busca de clemencia para un eterno engaño ! 



22 



Cuando se tienen veinte años que son la vida 
de veinte ensoñaciones no se puede pensar ; 
el sentimiento joven presta desconocida 
potencia al sueño y sólo nos es dado soñar! 

Y las filosofías que vuestras impiedades 
exteriorizan, dejan la vida en un eterno 
desconsuelo ; y las almas soportan las edades 
de muerte que sentencian vuestros labios de infierno. 

Dadle alas a ese bravo amor que me consume ! 
Prefiero ser un sueño y no una piedra muerta. 
Tengo un alma tan joven ; el tímido perfume 
de una flor es tan grato ! Dadme una flor abierta ! 
Dadme una rosa, sabios; dadme una rosa abierta ! 



— 2S 



VIII 



Esta noche estoy solo en esta casa vieja 
que está vacía y triste como mi corazón. . . 

El polvo de los años ha borrado los frescos 
que pintó, en las paredes , algún sabio pintor. 
Ah ! quizá un día borren los años el ensueño 
que florece sus rosas para mi corazón ! 



— 24 — 

Un frío de sepulcro llena toda la casa 
que parece que tiembla con lúgubre temblor. 
Hace frío en la casa abandonada y vieja. 
Yo también tengo mucho frío en el corazón ! 

Mis pasos suenan como voces que desde el fondo 
de una tumba salieran. Yo conozco esa voz. 
Me detengo y escucho. Es el eco de siempre ! 
Es el eco que siempre siento en el corazón ! 

En oscuros rincones hay historias dormidas. 
Pero al interrogarlas siento un vago temor. 
Yo llegué, cierto día, a un rincón de mi mismo 
y ¡ Dios mío ! que cosas le oí a mi corazón ! 

El patio de esta casa que es frío y muy oscuro 
no ha recibido nunca ningún rayo de sol. 
Es frío, y muy oscuro, el patio de esta casa ! 
Es frío, y tan oscuro como mi corazón ! 

Cruza por las cercanas calles una rondalla. 
Cantan, ríen ; la aldea está de fiesta hoy. 
Pero a esta pobre casa no entra la alegría. 
Está solemne y triste como mi corazón ! 



— 25 



IX 



Ha estado abandonada la casa tanto tiempo 
que a mi vuelta la encuentro llena de soledad. 
El libro no está abierto, ni mojada la pluma. 

Y el reloj ha dejado en suspenso un tic-tac. 

El jardín no se alegra con el melifluo canto 
que nacía en la unánime quietud crepuscular. 
No irrumpe de la fuente el fino hilo de plata. 

Y se han secado todas las rosas del rosal ! 



— 26 — 

Todo está silencioso ; todo está polvoriento; 
todo tiene un severo quietismo sepulcral. 
Parece que el pasado dormitase en la sombra 
con los viejos ensueños que es preciso olvidar. 

Olvidar lo que nunca podrá ser olvidado 
como se olvida siempre un recuerdo fugaz í 
Dejar que se marchite el alma como esa 
flor marchitada en este jardín primaveral 1 



27 — 



X 



Amarnos, sí. Pero, y después? Cuando haya 
en nuestras almas un letal cansancio 
y la vida se muestre a nuestros ojos 
como <'irbol que ya dio todos sus frutos 
sin verdes hojas ni brillantes flores ? 



— 28 — 

Cuando juntos, cogidos de la mano, 
nos detengamos y a la par temblemos ; 
cuando sorprenda a nuestros corazones 
la cosa más horrible, 
el gesto más monstruoso, 
el hálito más frío, 
el fantasma más blanco, 
la angustia más sangrienta, 
la crueldad más impía, 
la blanca calavera de la muerte ? 

Oh amada! Arriba nuestros corazones! 
Y que sea al calor de tu belleza 
encendida la luz de los recuerdos 
en el primer peldaño de la muerte. 

Y que la tumba sea 
la cosa más sencilla, 
el gesto más amable, 
el hálito más tenue, 
la sonrisa mas fresca, 
el deseo más franco, 
la piedad más solícita, 
la invulnerable paz de nuestras almas! 

Paz para estas dos almas agostadas 
de tantas flores que les dio la vida! 



— 29 — 



XI 



Las impresiones escapan. . . 
i Si pudiera aprisionar 
en el armonioso molde 
de mi verso, lo que ya 
al olvido se ha entregado 
para nunca retornar ! 

Me invade el frágil recuerdo 
de aquel amor sin igual 



— 30 - 

cuando tu vida y mi vida 
nos entregamos al par ; 
la hora en que sorprendí 
tu confidencia inicial ; 
la caricia de tu mano ; 
de tus ojos, el mirar ; 
mi ruego y tu incertidumbre 
de aquella noche fatal; 
la miel de aquel dulce beso 
que malogró mi pesar ; 
nuestras horas de reproche 
y nuestras horas de paz 
cuando juntos compartíamos 
nuestro bien y nuestro mal. . . 
] Cuanto hoy el alma recuerda 
como un antiguo cantar ! 



Impresiones fugitivas. . . 
i Bien quisiera concretar 
en la música de un verso 
esos recuerdos que 3^a 
al olvido se entregaron 
para nunca retornar ; 
y que hoy rondan por el antro 



de mi austera soledad 

con sabor de cosas muertas 

hace tiempo. Y al igu3\ 

que los ataúdes viejos 

suenan siempre a hueco. Ah ! 

los ataúdes vacíos 

que la vida hace olvidar 

como esos viejos recuerdos 

del alma mía, que ya 

al olvido se entregaron 

para nunca retornar ! 



33 — 



XII 



El ditirambo que mi verso sabe 
se exalta bajo el sol de su belleza. 
Vibra mi elogio para la pureza 
irreprochable de su línea suave. 

Como si un ala replegase un ave, 
flexible y llena de vivaz ñereza 
se insinúa en su fresca boca fresa 
una sonrisa espiritual y grave. 



— 34 — 

Inaccesible á la mundana prosa 
tiene un ensueño para cada cosa... 
A todo da su juvenil ternura. 



Y merecen pisar sus ilusiones 
una alfombra de rojos corazones 
rendidos a su olímpica hermosura ! 



— 35 



XIII 

Estas interminables noches de rudo invierno 
sugieren, fatalmente, graves meditaciones. 
El sentimiento pliega sus alas en lo interno, 
y un docto excepticismo hiela los corazones. 

Parece que el silencio se anuncia con su cuerno 
donde la nada suena ; }' nuestras reflexiones 
envuelven en la niebla de un desengaño eterno 
la huida inevitable de muchas ilusiones. 



-36- 

Pensamos en los sueños de nuestros quince años 
Sueños que epilogaron amargos desengaños. 
El amor que nos hizo nuestra primer herida ; 

las novias que engañamos, las novias que quisimos . 
Y envueltos en la bruma de todo esto vivimos 
siempre pensando en cómo se pasa nuestra vida. . . 



XIV 

Amanece. En el húmedo vidrio de mi ventana 
licúanse impalpables globitos de neblina. 
El sol, tras una nube de fuego, se acoquina. 

Y en tanto, lo saluda, la matinal campana ! 

Abro el balcón. El puro aire de la mañana 
me sorprende con una fragancia repentina. 

Y con ligeras gasas de oro se ilumina 

la gruesa y uniforme arquitectura aldeana. 



Dilátanse en los aires aromas matinales 
como una exhuberancia de cosas virginales 
espolvoreadas sobre la vida de la aldea. 

Todo se impregna de aire, de fuerza, de armonía. 
Y hasta esta pobre alcoba llega la melodía 
sonora de una vieja fuente que parlotea. . . 



— 39 — 



XV 



Presentía, de ha tiempo, que vendría la hora 
en que, lleno de sombras, amor anocheciera 
en nuestras almas. Pese a tu ilusión, ahora 
han nevado tristezas sobre tu primavera 1 

Ya no tienen tus manos nerviosas bienvenidas 
para mis temblorosas manos de enamorado. 
Manos desesperadas cuando las despedidas ! 
Manos confidenciales cuando estaba a tu lado ! 



— 40 — 

Ya ni siquiera temes a traiciones presuntas • 
pues no inquieren tus ojos en mis ojos inquietos. 
Tus ojos, porque han hecho ya todas sus preguntas I 
Mis ojos, porque han dicho ya todos sus secretos ! 

Nos hemos separado sin sentirnos el paso 
como si ambos temiéramos la traición del momento. 
Acaso la denuncia de una mirada ? Acaso 
el hosco fatalismo de mi presentimiento ? 

Mi ilusión a la sombra del ensueño medita : 
nuestra historia un recuerdo de amor nos ha dejado. 
¿ Y qué vale un recuerdo que como flor marchita 
se seca entre las hojas del libro del pasado? 



— 41 — 



XVI 



Acerco mi sillón a la ventana. 
Una escena sencilla me rodea. 
Invade, luminosa, la mañana 
en la paz virgiliana de la aldea ! 
Sobre la plata del lejano río 
un leve copo de neblina humea. 



— 42 — 

Se siente el desperezo de la vida 
que despierta en el blanco caserío. 
Forma cuadros de luz en los balcones 
el sol ; y de la iglesia, derruida, 
se eleva un silabeo de oraciones. 
En la uniforme y recta carretera 
se proyecta la sombra de los carboles ; 
en el jardín florecen nuevas rosas ; 
y su beso fecundo, Primavera, 
pone en todas las cosas. 

Ah ! Si me fuera dado 
abandonar este sillón de enfermo ; 
cruzar el caserío desolado ; 
a lo largo seguir la carretera ; 
perderme entre la selva enmarañada ; 
reconfortarme con la primavera ; 
inundarme de aire matutino ; 
y descansar de toda la jornada 
en una piedra, al borde del camino ! 



NDICE 



I Este libro de versos. . 

II Hoy ha entrado a mi alma . 

III ¿Y después ?. 

IV Paseo ansiosamente por tu acerj 

V Piénsalo bien, amadf 

VI Era un príncipe blondo . 

VII Vosotros, circunspectos filósofos 

VIII Esta noche estoy solo . . . 

IX Ha estado abandonada la casa 

X Amarnos, sí . . . . • • 

XI Las impresiones escapan . 

XII El ditirambo que mi verso sabe 

XIII Estas interminables noches . 

XIV Amanece . 

XV Presentía, de há tiempo. . • 

XVI Acerco mi sillón a la ventana 



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2.3 



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De Loren zo Vicens Thievent 

EL CRIMEN Y LA EPILEPSIA 
MIS VERSOS (poesías) 



En preparación 



LAS CAUSAS SOCIALES DEL DELITO 
EL NUEVO RJTMO (poesías) 



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8519 Mis versos